COLECTIVO PIGMENTO -LOS CUATRO ELEMENTOS PRIMIGENIOS

COLECTIVO PIGMENTO -LOS CUATRO ELEMENTOS PRIMIGENIOS

El Colectivo PIGMENTO, constituido por Rosa Diego y Rosa Gil, de La Rioja, nos han propuesta la edición de ASELART 2018, una intervención en el entorno rural que implica una aportación creativa al mismo tiempo que una participación educativa de todos los vecinos que han querido implicarse en la labor de creación, por tanto una función no sólo estética, sino también educativa.  El eje vertebral gira en torno a los cuatro elementos primigenios: AIRE, AGUA, TIERRA Y FUEGO,  representados en cuatro instalaciones repartidas por el núcleo urbano de Mazcuerras.

LOS CUATRO ELEMENTOS PRIMIGENIOS

La intervención “Los cuatro elementos primigenios” tiene su origen en talleres participativos, abiertos a todas las personas interesadas en vivir de primera mano el proceso de diseño y creación de obras de arte efímero en la naturaleza, dentro del Street Land Art. Se trata de cuatro obras independientes, unidas por un hilo conductor, los cuatro elementos primigenios: Tierra, Agua, Aire y Fuego. Su simbología ha sido utilizada desde la antigüedad para interpretar y comprender nuestra relación con el mundo y son las energías vitales que nos acompañan toda la vida. En estas tierras cántabras se hace latente el contacto que sus habitantes han tenido con la naturaleza desde siempre: respetuoso, simbiótico y sincero.

Gracias a todos los que habéis hecho posible esta experiencia.

 

TIERRA. Dejar huella

Como dijo Josefina Aldecoa: “Lo que no se comparte no deja huella ni nostalgia”. A lo largo de la vida dejamos huella en el territorio que habitamos y el Hombre, en un intento de trascender, busca dejar su huella y su legado a sus descendientes.

La tierra de Mazcuerras, la tierra sobre la que pisamos, es la protagonista de esta intervención. Ella y todos los que han habitado aquí desde tiempo inmemorial dejando su huella en prados, huertas, calles…

La obra se ubica en la entrada de la ermita de San Pedro. Está compuesta por una urna donde se expone un cepellón de tierra del pueblo, como homenaje a sus habitantes y como reconocimiento de su valor. Queda elevada y protegida como una joya. Alrededor, sobre placas de barro rojo, se pueden ver las huellas de sus moradores actuales que han participado en su creación. El mosaico que forman estas teselas representa las casas de Mazcuerras unidas, creando así un conjunto de vivencias, fruto de su individualidad. Cada tesela, como cada casa, refleja la personalidad de su autor. Juntas forman una miscelánea tranquila y amable, como lo es el pueblo.

 

AGUA. Renacer una y otra vez

El bebedero del manantial de El Berque, hoy en desuso, es el escenario de esta instalación. La obra está realizada íntegramente con plástico de botellas de agua (PET). Con más de 400 botellas ensartadas se crea la ficción de un nuevo chorro de agua, que mana desde lo alto de la ladera y quiere inundarnos.

Tras un primer impacto visual se busca un impacto en la conciencia del espectador. Es una crítica al abuso que cometemos con el agua, ya sea por un consumo abusivo e irresponsable o por su contaminación indiscriminada, un bien preciado sin el cual no sería posible la vida (más del 60 % de nuestro cuerpo y el 70 % de la superficie terrestre es agua). También queda implícita la crítica a los excesos en el consumo de envases de plástico, irracional y caprichoso, que pone en peligro la salud de nuestros mares y desestabiliza los recursos naturales.

Así la contradicción de crear agua con las botellas de plástico que la contienen, cambiar el contenido por el continente, pretende ser el acicate para la reflexión sobre nuestro uso/abuso, tanto del agua como del plástico.

 

AIRE. Escuchar los sentimientos

Tan sutil como una sensación, el aire nos rodea, pero no lo vemos. Es el conductor invisible del sonido y al respirarlo nos proporciona el oxígeno necesario para vivir. Estas premisas son la base de esta instalación, colocada en el nogal de una entrada del pueblo, como puerta de bienvenida.

De la rama del árbol cuelga un cono que mecido por el aire nos regala tintineantes sonidos. Junto al árbol hay un banco que sugiere sentarse para descansar y reflexionar. Aquí la reflexión se vuelve introspección. El sonido en que se convierte el aire al acariciar el cono nos invita a hacer un alto en el camino y escuchar. Nos impulsa a prestar más atención a la naturaleza y a nosotros mismos.

El rincón en que se encuentra esta obra forma un triángulo entre dos caminos. Como un viaje de ida y vuelta, donde un camino es de ida y tras la experiencia sensorial ya no eres la misma persona y vuelves por otro camino. El cono colgado del nogal y el triángulo donde asienta sus raíces hacen de sus proporciones un espacio mágico donde respirar y ser conscientes de nuestro lugar en el mundo.

 

FUEGO. Purificar la mente

 La entrada a una casa de dos plantas, elegante en su sencillez y hoy deshabitada, alberga esta instalación. Arquitectura que, como a sus moradores de antaño, da cobijo, protección e intimidad. Cuántas noches se habrán reunido alrededor del fuego del hogar, contando cómo les había ido el día, observando las espirales que las llamas formaban en un baile de vida y evolución. Esta entrada también servía de punto de encuentro en las tardes lluviosas, donde los vecinos compartían sus anécdotas, alegrías y desventuras. Este verano queremos recuperar el espacio donde reunirse, llueva o no, para seguir compartiendo…

En esta obra el fuego se interpreta desde una doble visión: como aliado del hombre para calentarse en invierno, ver en la oscuridad, cocinar los alimentos y protegerse del peligro; y el fuego como sol infinito, sin principio ni final, que nos acompaña en un ciclo eterno. Este ciclo se representa con una espiral roja sobre el negro del carbón, dibujada en el suelo con pigmentos naturales. Siendo la espiral la hipnótica sinuosidad del fuego y el carbón los restos de éste, como recuerdo de su gran poder, tanto benefactor como devastador.