Los asistentes virtuales y sus beneficios para la tercera edad

El aislamiento social, la movilidad reducida y la brecha digital son los principales desafíos que afronta la tercera edad. Todos ellos pueden combatirse con ayuda de los asistentes virtuales, programas basados en inteligencia artificial que ayudan en las tareas domésticas e interactúan con el usuario de forma racional y humana. Esta tecnología ya está disponible, por ejemplo, en un teléfono móvil, un wearable o un altavoz inteligente para personas mayores, entre otros dispositivos.

El uso de Siri, Alexa, Cortana y otros asistentes virtuales ofrece una serie de beneficios para los adultos mayores. Gracias a la interacción mediante comandos de voz, el público sénior puede mantener su autonomía en su propio domicilio y no depender de familiares y cuidadores para regular las persianas, la temperatura o la iluminación.

Minimizar los desplazamientos innecesarios se traduce en un menor riesgo de caídas. En combinación con relojes y pulseras anticaída, los asistentes virtuales detectan cualquier accidente doméstico y advierten a los servicios de emergencia en cuestión de minutos.

Además, la adopción de esta tecnología influye positivamente en la continuidad asistencial del anciano y el seguimiento de terapias y tratamientos médicos. Las funciones de estos asistentes incluyen la programación de alertas, la creación de listas de tareas o los recordatorios de la medicación.

Respecto a la soledad, los mayores de sesenta y cinco años son uno de los colectivos más vulnerables. AiMA y otros asistentes virtuales han sido diseñados para acompañar a estas personas y mitigar el aislamiento social que sufren en su día a día.

Por vanguardista que sea esta tecnología, puede integrarse en la vida de personas de la tercera edad. La clave está en adaptarla para que sea accesible y valiosa para este público. En concreto, un estudio difundido por la revista Frontiers in Public Health determinó que el soporte y el lenguaje empleados por el asistente son fundamentales.