Cualquiera que comparta su vida con un gato sabe que no es solo una mascota. Es ese ser elegante y misterioso que decide cuándo quiere mimos, ese experto en encontrar el rayo de sol más cálido de la casa para echarse una siesta de doce horas, y ese compañero de travesuras que puede pasar de una calma olímpica a una carrera frenética en medio segundo. Creamos con ellos un vínculo profundo, un lenguaje sin palabras basado en miradas, ronroneos y cabezazos suaves. Y precisamente porque les queremos tanto, nuestra mayor responsabilidad es cuidar de su bienestar y su salud a largo plazo. En este camino de la tenencia responsable, hay una decisión que a veces genera dudas o aprensión, pero que en realidad es uno de los mayores actos de amor y protección que podemos ofrecerles. La decisión de castrar gato en Gondomar, o en cualquier otro lugar, va mucho más allá de evitar camadas no deseadas; es una intervención que mejora drásticamente su calidad y esperanza de vida, previniendo enfermedades graves y regalándoles un futuro más tranquilo y feliz a nuestro lado.
Hablemos claro de los enormes beneficios para su salud, que a menudo son desconocidos para muchos dueños. En el caso de los machos, la esterilización elimina por completo el riesgo de que desarrollen cáncer de testículos, una enfermedad que, aunque tratable si se detecta a tiempo, es totalmente prevenible. Además, reduce de forma muy significativa la probabilidad de que sufran problemas de próstata en su etapa adulta, como infecciones o agrandamientos, que pueden ser muy dolorosos y complicados de gestionar. Pero los beneficios no se quedan ahí. La castración también tiene un impacto directo en su comportamiento, que está fuertemente influenciado por las hormonas. Un gato no castrado vive en un estado de alerta y estrés casi constante, impulsado por la necesidad biológica de buscar hembras en celo y defender su territorio. Esto le lleva a ser más propenso a las escapadas, a los maullidos insistentes y desgarradores durante la noche y, por supuesto, al marcaje con orina, ese hábito tan desagradable de rociar los muebles y las paredes con un olor muy fuerte y persistente para delimitar su espacio.
Al esterilizarlo, estamos liberando a nuestro amigo felino de esa tiranía hormonal. Su mundo se vuelve mucho más calmado y su foco de atención cambia. El gato castrado no pierde su personalidad ni su instinto juguetón, ¡todo lo contrario! Al no tener la necesidad constante de competir y patrullar, a menudo se vuelve más sociable, más cariñoso y más apegado a su familia humana. Esas escapadas peligrosas, en las que se exponen a atropellos, a peleas con otros gatos que pueden transmitirles enfermedades graves como la leucemia o la inmunodeficiencia felina (el SIDA de los gatos), o simplemente a perderse para siempre, disminuyen drásticamente o desaparecen por completo. El marcaje con orina dentro de casa, que es una de las principales causas de abandono, se reduce en un porcentaje altísimo. En definitiva, le estamos ofreciendo una vida más segura, serena y centrada en el entorno protegido de su hogar, donde puede ser simplemente un gato feliz, sin el estrés y los peligros que conlleva la vida de un macho entero.
Es completamente normal sentir un poco de inquietud ante la idea de que nuestro querido compañero pase por una intervención quirúrgica. Sin embargo, es fundamental entender que la castración es uno de los procedimientos más comunes, rápidos y seguros que se realizan en una clínica veterinaria. Se lleva a cabo bajo anestesia general, por lo que el animal no siente absolutamente ningún dolor durante el proceso. La intervención en sí es muy poco invasiva y dura apenas unos minutos. Tras la cirugía, el gato permanece en observación hasta que se recupera de la anestesia, y normalmente puede volver a casa el mismo día. Los cuidados posteriores son muy sencillos y cualquier dueño puede llevarlos a cabo sin problemas. Generalmente consisten en asegurarse de que el gato esté en un lugar tranquilo y cálido, evitar que haga esfuerzos bruscos o saltos durante unos días y vigilar que la pequeña incisión esté limpia y seca. La recuperación es asombrosamente rápida, y en un par de días, la mayoría de los gatos vuelven a su rutina normal como si nada hubiera pasado.
Tomar la decisión de esterilizar a nuestro gato es un acto de responsabilidad y de amor profundo. Es anteponer su salud y su bienestar a largo plazo a nuestros propios miedos o dudas infundadas. Es la mejor garantía que podemos darle para que disfrute de una vida larga, sana y plena a nuestro lado, libre de estrés hormonal y de muchas de las enfermedades y peligros que acechan ahí fuera.